Quisiera parar el tiempo, y hacer que dos horas (que nunca quisieron ser más que dos horas) se conviertan en seis y luego en diez… y que al despertar, solo hayan sido dos horas.


2010 definitivamente fue un año de capullo. Fue un año para empezar a darme cuenta de qué quiero, de cómo lograrlo y de que nada me evita lograrlo.